
Era una noche especial. Durante meses la audiencia se había preparado para lo que era el show de la supuesta “mejor banda en vivo del planeta”. Y ya que venían en su mejor momento, que mejor ocasión para confirmar ese título.
Y vaya que sí lo confirmamos.
Un Teatro Caupolicán abarrot
ado al máximo comenzó a vivir una noche mágica a las 21:00, cuando puntualmente apareció el trío de Devon en escena. Había harta gente conocida, entre ellos el guatón López, director de “Promedio Rojo”, que vio todo el concierto atrás mío, en plena cancha. El escenario se veía muy cercano, lo que se agradece mucho, puesto que el trío está acostumbrado a megaconciertos en Europa y Estados Unidos, por lo que fuimos realmente afortunados de tenerlos a solo unos metros.
El show partió con los acordes de piano de “New Born”, que desató la euforia contenida en estos meses de espera. Fue una versión más que correcta, que nos dio la primera muestra del prodigio de la guitarra que es Matt Bellamy, que además llegó con su voz a todos los tonos que le exigían las canciones. Inmediatamente después vino la sorpresa de la noche, “Dead Star”, un regalo para los hardcore fans, que la corearon a todo pulmón junto con el resto del público. Una canción excelente, poco conocida e interpretada de las mil maravillas.
Frente a nosotros se encontraba una banda afiatadísima, que se conoce a la perfección, en la que los tres integrantes destacan en la ejecución de sus instrumentos y que se da el lujo de improvisar entre canción y canción y con eso hacer vibrar al público como si estuvieran tocando su más grande hit. Lo de las constantes improvisaciones fue, en lo personal, uno de los highlights del concierto.
Luego de eso vino el turno de tocar canciones de su último disco, siendo las elegidas “Map Of The Problematique” y “Supermassive Black Hole”, que fueron recibidas entre gritos y e histeria masiva, lo que vino a confirmar la aceptación que tiene en nuestro país su último trabajo, el disco “Black Holes And Revelations”, del 2006. A esa altura el público ya estaba entregado, y cualquier gesto de Bellamy y compañía provocaba todo tipo de reacciones de aceptación.
Con “Butterflies & Hurricanes” comenzó la seguidilla de canciones que para mi fueron lo mejor de la noche (junto con las del cierre). Aquí Bellamy dejó la guitarra en la mitad de la canción para ejecutar un virtuoso solo de piano, para luego retomarla y terminar la canción con unos chorros de vapor emanados desde el frente del escenario. Acto seguido tocaron “Citizen Erased”, LA canción que yo estaba esperando. Para describirla simplemente no tengo palabras, solo pienso que es la canción que define a Muse, que reúne en si misma todos los aspectos musicales que han ejecutado durante su carrera. Atrás mío el guatón López bailaba solo, pero no se salía de su metro cuadrado, y a diferencia de toda la gente en el Teatro, aún no saltaba o cantaba. ¿Cómo era posible? ¿Seguro que estaba en el mismo show que yo?
Con “Feeling Good” Bellamy se quedó en el piano que ejecutaba desde el final de “Citizen Erased” y, con una chupalla huasa de sombrero, nos regaló uno de los mejores momentos de la noche. Terminada la canción, salió del escenario un par de minutos, en los cuales Chris Wolstenholme y Dominic Howard, en bajo y batería respectivamente, nos deleitaron con una brillante improvisación de las que ya les había comentado antes.

Con Bellamy ya de vuelta partió “Invincible”, quizás EL highlight de la jornada. Acompañada acertadamente por imágenes proyectadas en el telón del escenario, fue perfectamente ejecutada, con un solo extraordinario de guitarra y tocada con un sentimiento que nos llegó a todos. Esa es la idea de un buen frontman, un tipo que le agregue sentimiento e histrionismo a sus interpretaciones, que sienta (o que al menos lo parezca) sus canciones. Bellamy reúne todo eso, y el resultado no puede ser mejor.
“Hysteria” causó… histeria (chiste fácil), y fue una de las más coreadas de la noche. La siguió “Starlight”, con acompañamiento de palmas por parte del público. De ahí tocaron “Time Is Running Out”, que hizo saltar y cantar a todo el Teatro. Y con todo el mundo digo todo el mundo, porque entre la algarabía miré hacia atrás y vi al guatón López saltando (!!!) y cantando como otro más. Es que ésta canción es una de las más populares entre la fanaticada de Muse. Apenas terminada tocaron “Stockholm Syndrome”, una de sus composiciones más enérgicas y metalizadas, que cerró la primera parte del concierto, dando paso al bis.
Ya de vuelta en el escenario, nos regalaron las últimas tres canciones, que no pudieron c
errar de mejor manera el concierto. “Take A Bow” fue la primera, con su estrofa épica llegando a la médula de todos los presentes. La siguió “Plug In Baby”, el más clásico himno de la banda, interpretada de las mil maravillas y con la aparición de unos globos gigantes rellenos de papel picado desde atrás del escenario, que le dieron un cariz especial a ese momento. Finalmente cerraron el concierto con “Knights Of Cydonia”, cuya melodía de guitarra fue coreada por el público como si se tratara de un himno de fútbol. Fue (otra) ejecución perfecta en todo sentido, y una forma inmejorable de terminar el concierto. Tras esto la banda se despidió y prometió volver algún día a nuestro país.
La gente salió del Teatro Caupolicán con una sonrisa de oreja a oreja, sabiéndose parte de un grupo privilegiado que pudo ver en vivo y en directo a la mejor banda en vivo de la actualidad. Es que después de semejante exposición ya no quedan dudas de que tienen más que merecido ese codiciado título. Muse te toma, te hace explotar, te reconstruye y te deja con ganas de más, y eso pasa con cada canción que tocan sobre el escenario. Parecen una fuerza de la naturaleza. No me queda más que darles las gracias y rogar que se dignen a venir otra vez a este rincón del mundo.